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jul 07

DE REINOS Y PRINCIPADOS. José María Aguirre García de la Noceda

(EL COMERCIO) Resacosos aún del Congreso del PSOE que votó que España era un estado plurinacional, nos encontramos con la exposición del mismo que ha hecho la nueva y flamante número dos de la organizacón, nuestra vecina Adriana Lastra, que exponía que “el modelo para España era el de Bolivia” y que “Asturias es un Principado y España un Reino y que eso son formas distintas de gobierno”.

Obviando el primer hito entraré en el segundo, ¿Son de veras un Principado y un Reino dos formas de gobierno distintas?, Si es así ¿Qué diferencias hay entre el Gran Ducado de Luxemburgo y el Reino de los Países Bajos (Holanda)?. La respuesta es que ni son formas distintas de gobierno ni hay diferencias entre unos y otros menos el título del monarca. Cogiendo el caso citado no existe una diferencia entre Luxemburgo y Holanda, e igualmente con España, ambos son sistemas parlamentarios bajo la forma de estado monárquica, donde el monarca es una figura garante de la neutralidad política, del carácter histórico de los citados estados  y que es unión de los mismos con la ciudadanía, pero sin gobierno ni poderes especiales más que los que les reserve su respectiva Constitución, y en los que el título del monarca no influye lo más mínimo ni en la forma de Estado ni en la de Gobierno.

Ahondando  más en el caso de Asturias, podríamos remontarnos a la época prerromana y los astures, posteriormente a la provincia romana resultante de la última división imperial y que pervivió durante el mandato de los visigodos, porque si una región tiene historia en nuestro país es la nuestra, pese a que Adriana Lastra no tenga sentimientos especiales por ser asturiana. Tenemos que retrotraernos al 721 d.C, cuando toda España estaba conquistada por los Omeyas, ¿toda? No, un grupo de irreductibles liderados por un líder de origen visigodo o astur, a día de hoy aún la historiografía lo discute, derrotó a los ejércitos califales a orillas del Esva liberando buena parte de lo que hoy es Asturias y creando el germen de lo que fue la Reconquista.

Pelayo y sus sucesores crearon lo que en la historia se conoce como Reino de Asturias, aunque los primeros monarcas (Pelayo y su hijo Favila), que eran más caudillos militares que figuras políticas, recibieron el tratamiento de Príncipe, en el sentido más romano del término, el primero de entre los iguales. Con el acceso de Alfonso I (739 d.C.) aparece por primera vez el título de Rey, aunque no es hasta los tiempos de Alfonso III (852-910 d.C.) que se consolida el título, y el aumento del poder real, poco a poco estos reyes asturianos fueron creciendo en poder y territorio, y perdiendo interés en nuestra tierra donde quedan distintos nobles feudales de los que destaca gente como Rodrigo Porcelos, primer Conde de Castilla, y su hijo Diego, su sucesor y fundador de Burgos, Diego Fernández de Oviedo, el suegro del Cid Campeador, o Don Rodrigo Álvarez de las Asturias que legó sus tierras a su prohijado Enrique de Trastámara.

Enrique, que fue Conde de Noreña y de Gijón, con corte en esta última, era el hijo bastardo de Alfonso XI el justiciero (1312-1350), y su educación y cuidado fue encomendado al citado Don Rodrigo, que al fallecer le legó sus tierras. Al fallecer su padre, y por las tropelías que hizo su hermanastro el Rey Pedro I a su madre, a la que mandó ejecutar, y a sus hermanos, se rebeló y reclamó la corona castellanoleonesa, y tras años de dura guerra derrotó y asesino a Pedro en los Campos de Montiel (1369) ciñéndose definitivamente la corona. Este a su vez dejó sus títulos asturianos a su hijo Alfonso Enríquez, que a imitación de su padre reclamó la corona a su hermanastro Juan I, pero este al contrario que su tío derrotó a Alfonso, redujo Gijón a cenizas, y requisó sus tierras y títulos, dando las primeras al Obispado de Oviedo y guardándose el poder en Asturias al crear el título de Príncipe de Asturias (1388) para su hijo Enrique (III) y los herederos de la corona castellana, ligando por siempre el territorio a la corona y a sus leyes.

Por lo tanto ni Asturias es distinta a España ni el Principado distinto al Reino salvo en el ceremonial propio del heredero a la corona Española, con lo que a Adriana Lastra le convendría repasar sus libros de historia antes de pasar a dar los titulares. Otro día hablaremos de Bolivia.

José María Aguirre García de la Noceda

Miembro de la Junta Directiva Local del PP de Gijón 

17-07-07 Art Txini - Reinos y Principados